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Historia de Sandwiches Fredy

Hace más de 50 años, cuando Federico Alejandro Curio tenía 17, dio los primeros pasos en el mundo de los sándwiches de miga, en la fábrica de su Padre. La planta elaboradora de sándwiches de miga “Sándwiches Trisán”, contaba con un plantel de más de 120 empleados que realizaban su trabajo en tres turnos. De allí salían sándwiches de miga envasados al vacío hacia los cuatro puntos cardinales del país. 
Años después, debido a los ya conocidos vaivenes de la economía, la fábrica de sándwiches de miga “Sándwiches Trisán” desaparecería y el joven Federico Curio se emplearía en una conocida confitería alemana que se especializaba en la fabricación artesanal de sándwiches de miga y de servicios de lunch. 
Allí perfeccionó su ya avanzada visión del negocio de los sándwiches de miga y servicios de lunch. Pasando de un producto aceptado a nivel nacional y producido en masa, a elaborar sándwiches de miga de altísima calidad, producidos en forma artesanal.
De la unión de ambos conceptos logra crear un sistema de fabricación de sándwiches de miga y servicios de lunch, que arroja un producto terminado de inigualable calidad en el mercado y es factible de ser elaborado en grandes cantidades. Pero allí no terminaría la historia de trabajo de Federico Curio, ya que la vida suele sumergirnos en cambios continuos que afectan la personalidad de quienes los viven. Al Federico Curio adulto, le faltaría ahora descubrir una misión que transformaría su vida y que es el secreto a voces de nuestra cadena de fábricas de sándwiches de miga y de servicios de lunch.
 
A mediados de la nefasta década del 80`, Federico Curio había pasado por vicisitudes intrínsecas a quienes debieron mantener una familia en aquellos tiempos. Manejó un taxi y trabajó en un par de líneas de transporte colectivo. Pero una noche reunió a su familiares más cercanos en su casa de la calle El Indio, en la localidad de Villa Adelina, para prepararles una suerte de experimento de sándwiches de miga, elaborados con materiales y materias primas básicas, ya que los sándwiches de miga de mejor calidad, exigen grandes inversiones en máquinas y materias primas de uso industrial.
Poco después, abusando de su conocida frase: “hay dos cosas que puedo hacer bien, manejar y fabricar sándwiches de miga”, renunciaría a su empleo para establecer lo que sería el génesis de lo que hoy conocemos como Sándwiches Fredy. Ayudado por el propietario de la concesión del buffet del club de la zona, Federico utiliza una antigua máquina de cortar fiambre, totalmente mecánica, para armar su primer mini-emprendimiento improvisado allí.
 
Para sorpresa de los que lo rodeaban, los sándwiches de miga comenzaban a denotar un sabor, poco encontrado en la época, y pronto debió dejar el escaso metro de mostrador cedido gentilmente por el buffet del club, para mudar su contado mobiliario a un local de venta de alimentos cercano al lugar. Allí dispondría no ya de un metro de mostrador sino de un rincón último del local, con una superficie cercana a los tres metros cuadrados, separados por una cortina trasparente. 

Los sándwiches de miga comenzaban a ser aceptados en el barrio de Villa Adelina y, por cierto, habían experimentado una gran mejora, producida por alguna pequeña máquina agregada al inventario.
Federico pasaría largo tiempo elaborando sus ya conocidos sándwiches de miga mientras su inagotable compañera de vida Blanca, trabajaría incansablemente para conseguir clientes entre los comerciantes del lugar. También Blanca sería fundamental en la idea de Federico de enviar los sándwiches de miga a domicilio y en la compra de toda materia prima necesaria en la elaboración. Por su parte, Federico hizo llegar a la mesa de sus clientes, la mejor mercadería que estuviera a su alcance, aún cuando no estaba en posición de adquirir fiambres al por mayor. Era común escuchar frases como <>. En esta frase sin importancia, Federico dejaba entrever la visión que más adelante aplicaríamos a nuestra cadena de fábricas de sándwiches de miga y de servicios de lunch.
Feliz por el progreso pero pensando en nuevas inversiones, el matrimonio decide dejar el alquiler de la casa de la calle El Indio para alquilar un diminuto local en la calle Soldado de Malvinas, que contaba con escasos 30 metros cuadrados. Allí se albergaría la familia toda durante meses y también allí, Federico y Blanca fundarían las bases de Sándwiches Fredy.

Cada día en que se visitaba el local, era posible encontrar nuevos adelantos y adquisiciones en maquinarias, heladeras, carteles, iluminación y vehículos de delíbery entre otras tantas cosas. Esto llenaba de orgullo a aquellos que lo queríamos y, a su vez, despertaba suspicacias con respecto a su constante endeudamiento en pos de hacer crecer su negocio de sándwiches de miga y servicios de lunh. A tal punto llegaría su entrega para con sus clientes que a finales de la década del 90´ trabajaría a pérdida durante algunos meses, para no disminuir la calidad de las materias primas de los sándwiches de miga y servicios de lunch. 
Gracias al reconocimiento de sus amigos clientes, pronto el matrimonio estuvo en posición de abrir una nueva sucursal, sobre la Avenida de Mayo, cerca de la casa en donde se habían mudado como familia. Allí a Blanca le tocaría apoyar a Federico, haciéndose cargo del gerenciamiento del nuevo local, el que por supuesto, funcionó tan bien como el primero, que ya se había mudado a su actual localización.
Más adelante abriría más sucursal para heredar a cuatro de sus hijos y esto llevaría a Sándwiches Fredy, a ser una referencia obligada en lo que respecta a la excelencia en la elaboración de los más exquisitos sándwiches de miga y servicios de lunch.
Pronto, la cadena extendería sus tentáculos en la elaboración de sándwiches de miga y servicios de lunch, hacia la Zona Oeste del Gran Buenos Aires, estableciendo su quinta sucursal en el área de Castelar e Ituzaingó. 
Federico abandonaría este mundo rodeado de amigos, familiares y vecinos que lo querían y respetaban como comerciante exitoso, pero sobre todas las cosas como persona. Porque quien lo conoció sabe que es casi imposible encontrar un ser humano de la talla de Federico Alejandro Curio, un hombre que supo reflejar en sus productos la misma calidad humana con que supo vivir.

Se fue de este mundo y nos dejó la enseñanza que de a poco se convertiría en la misión de nuestra empresa:
 
Lograr la satisfacción de nuestros clientes, tomándolos como amigos, tratándolos con la cordialidad que merecen y elaborando los sándwiches de miga con la GENEROSIDAD con que lo hiciera nuestro inolvidable maestro de vida Federico Alejandro Curio.